Lucas 9.23
23 Y decía a todos, Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame
Jesús sigue haciendo el mismo llamado hoy, a cada uno de nosotros. “Sígueme” No es una invitación cualquiera, es un llamado a caminar con Él, a confiar plenamente en su dirección, y a permitir que transforme nuestra vida.
Seguir a Jesús implica hacer cambios en nuestra vida. Muchas veces significa dejar atrás hábitos, costumbres, deseos o aquello que ocupa el lugar que solo le pertenece a Él.
Seguirlo también significa renunciar a todo lo que nos impide caminar más cerca del Maestro, más cerca de su corazón.
Jesús busca discípulos, personas que respondan a todo lo que Él es, y a todo lo que ofrece, con una fe que diga: “A donde quiera que me envíes, iré.”
Reflexionemos en este día lo que Jesús dice a todos, en estos tres pasos radicales: Negarnos a sí mismo, tomar su cruz cada día, y seguirle.
La abnegación no es un castigo, sino rendir nuestra voluntad a Dios, priorizando su propósito sobre nuestro ego.
La cruz representa un sacrificio diario, eligiendo el amor y la obediencia. Un llamado a morir a nuestros propios deseos egoístas, y permitir el propósito de Dios. Una decisión constante de lealtad, humildad y servicio, incluso cuando implica incomodidad, o sacrificio personal.
Estamos siguiendo a Jesús, de lejos como le pasó a Pedro, o de cerca como Él quiere que lo sigamos, rindiendo todo nuestro ser ante su señorío.
Seguir a Jesús puede implicar renuncias, pero nunca será una perdida. Todo lo que dejemos por amor a Él, jamás se compara con la vida abundante, la paz y el gozo que encontramos en su presencia.
No existe felicidad más profunda, y un gozo verdadero, que el caminar cada día de la mano de nuestro Salvador.
Preguntémonos en este día: ¿Estoy dispuesto a renunciar, a cualquier cosa que el Señor me pida dejar? Ahí es, donde mi corazón queda al descubierto, y se verdaderamente si le estoy siguiendo de verdad.