
23 Y les dijo: Vosotros sois de abajo, yo soy de arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo.
Jesús confronta la ceguera espiritual de los fariseos, marcando una diferencia radical entre su origen celestial, y su perspectiva terrenal. Él habla desde una dimensión superior, mientras ellos aparecen atrapados en lo mundano.
De arriba es gr. “anhoten” termino que también se usa para nacer de nuevo (Juan 3.3) Este mundo se traduce “kosmos”, no solo como planeta, sino como sistema separado de Dios.
Jesús declara su origen eterno y su autoridad celestial. No habla como uno más, sino como el Enviado del cielo. Esta afirmación muestra que, para comprender, es necesario nacer de “arriba,” ya que lo natural no puede captar lo espiritual.
No nos conformemos con una fe terrenal. Elevemos nuestra mirada al cielo. Col. 3.1-2 Nuestra identidad como la de Cristo, no proviene de este mundo. Vivamos con mentalidad celestial, aunque caminemos sobre tierra firme.
Así como las águilas no habitan en los nidos de los cuervos, el Hijo no pertenece a la esfera caída del mundo. Él llama a los suyos a elevarse a su misma dimensión.
Hay momentos en los que debemos vivir con la mirada puesta en el cielo, sabiendo que lo terrenal es pasajero e imperfecto, y en muchas ocasiones injusto, contrario a lo que se vivirá en las moradas eternas.
Padre, hazme vivir como ciudadano del cielo. Líbrame de una visión mundana, y enséñame a ver con tus ojos, para vivir enfocado en lo eterno. En el nombre de Jesucristo Amen.