Ezequiel 36:26
26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.
“Os daré un corazón nuevo»
“Os daré un corazón nuevo y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y les quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” – Ezequiel 36:26
Un corazón de piedra es aquel que se ha endurecido, que se vuelve obstinado y terco, aquel que ya no quiere escuchar, que se cierra y no permite ser transformado por Dios. Es un corazón que muchas veces, termina haciéndose daño a si mismo, porque su propia dureza no le permite vivir en paz.
“Dame, hijo mío, tu corazón, y miren tus ojos por mis caminos” Prov.23:26
Todo lo contrario, sucede cuando nuestro corazón se rinde a Dios. Se vuelve sensible a su voz, dispuesto a aprender, a reconocer sus errores, y a dejarse moldear por Él. No significa que nunca tengamos luchas o que seremos perfectos, sino que nuestro corazón ya no quiere permanecer igual, quiere parecerse cada día más al Señor.
En el texto inicial, Dios nos hace una promesa. Él, nos dará un corazón nuevo. ¡Que hermoso es Dios ¡ Él es quien tiene el poder de transformar nuestro interior. No se trata solamente de cambiar algunas cosas por fuera, ; Dios quiere hacer una obra profunda y completa dentro de nosotros.
Y no solo promete darnos un corazón nuevo, sino, también promete poner en nosotros un espíritu nuevo. Dios quiere que podamos conocerle, entender su voluntad y aprender a ver la vida desde su perspectiva. Cuando nuestro corazón se rinde a Él, comienza un proceso de transformación que nos lleva a vivir de una manera diferente.
“Y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creados según Dios en la justicia y santidad de la verdad.” – Efesios 4:23-24
¿Cuántos quisiéramos ser transformados para bien? ¿Cuántos anhelamos dejar atrás aquellas cosas que nos hacen daño, aquellas actitudes que nos alejan de Dios, y esa dureza que, muchas veces nosotros mismos no queremos reconocer?
Talvez hoy necesitamos preguntarnos con sinceridad: ¿mi corazón esta sensible a Dios, o se ha comenzado a endurecer?
“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón.” – Hebreos 3:15
Dios no nos obliga. Él nos invita a acercarnos, a rendir nuestro corazón y a permitirle trabajar en nosotros. La transformación es obra de Dios, pero nosotros podemos decidir si queremos permanecer cerrados, o abrir nuestro corazón delante de Él.
Cuando dejamos nuestro corazón en sus manos, Él comienza a hacer lo que nosotros, no podemos hacer por nuestras propias fuerzas.
“Crea en mí, o Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí” Salmos 51:10
No importa cuánto tiempo llevemos luchando con lo mismo. No importa cuantas veces hayamos fallado. Si nos acercamos a Dios con un corazón sincero, podemos confiar en que Él sigue siendo el Dios que transforma, restaura y hace nuevas todas las cosas.